martes, octubre 04, 2011

Con esto de que el percudido blog tiene nuevo look pos uno tiende a preguntarse cosas, como, por ejemplo, ¿no me hará falta una chaineadita? Y es que desde hace tiempo, dejé que mi cabello creciera con el propósito determinado de peinarme para mi boda. La verdad es que ese día fui con el cabello suelto... Pero no importa, me dije, en cuanto regresemos de la jonimun me lo corto, porque yo soy una chica de cabello corto. Me parece práctico y para alguien que ni por error se peina en un día normal, resulta una gran alternativa. Pues los meses han pasado, y de las tijeras ni sus luces y aunque seguido digo que ya me lo cortaré y busco en revistas el modelo adecuado, la verdad es que he generado un vínculo con mi cabello.

Un vínculo que nunca había existido y me asusta, la última vez que me lo despunté escuchaba el sonido de la tijera y me dolia, volteaba al suelo con miedo de ver ahí un largo mechón. Creo que la culpa la tuvo mi tía cuando me dijo con tristeza que a ella ya no le crecía... ¿deja de crecer? Eso es algo que no esperaba.

Hace algunos años me cortaba el cabello cada vez que desde mi óptica había culminado un ciclo. Era una señal de renovación y de inicio. Me gustan los inicios, los amaneceres, año nuevo, los lunes y el primer día del mes. Me gustan las promesas y su posibilidad de ser realidad. Y cortar el cabello necesariamente significaba terminar un momento determinado con una promesa de crecer de nuevo, de empezar otra vez.

Eso sólo me deja dos alternativas: o hace muchos años que no cierro ciclos, lo cual no sé si me gusta, o hace unas semanas, casi meses, casi un año, que no quiero decidirme a cerrar el ciclo que inminentemente se terminó, lo cual esta peor.

En fin, como este post sólo intentaba decir que debería cortarme el cabello, pero no lo he hecho, mejor no sigo más porque podría provocarme una de mis características crisis existenciales y hoy, hoy, justo hoy, no tengo ganas.

Debería cortarme el cabello, eso es lo que debería hacer...

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